La remontada no fue posible (0-1)

La remontada no fue posible (0-1)

Sólo dos acciones en la primera parte de Ontiveros hicieron soñar con una gesta ante el Deportivo

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

El Málaga no pudo consumar la gesta y se quedó a mitad de camino del ascenso. La malaguitis no tiene cura (sea cual sea la categoría) y la afición, igual que ayer trató de llevar en volandas al equipo, volverá a acompañarlo la próxima temporada en Segunda. El descalabro defensivo en Riazor fue demasiado obstáculo en una eliminatoria que pudo quedar más a tiro en dos apariciones de Ontiveros en la primera parte y que acabó por caer a favor del Deportivo en otro clamoroso error de Munir.

El espectacular recibimiento (en la llegada al estadio y en la salida al campo) hizo del Málaga un equipo frenético desde el primer minuto. Para bien y, a veces, también para mal. Víctor varió el sistema para incluir otro punta (Harper, y no Koné, quizá para guardarse esta baza para el final) y Martí, que ya lo intuía, reforzó la contención con Vicente, con el objetivo de neutralizar la salida de balón de Keidi y contribuir a desahogar la circulación de la pelota cuando tocara enfriar el partido.

0 Málaga

Munir; Cifu (Pacheco, m.83), Pau Torres, Luis Hernández, Juankar; Hicham (Renato Santos, m.46), Adrián, Keidi Bare, Ontiveros; Harper (Koné, m.56) y Blanco Leschuk.

1 Deportivo

Dani Giménez; Bóveda, Domingos Duarte, Somma, Saúl García; Vicente Gómez (Fede Cartabia, m.52), Bergantiños, Expósito, Nahuel (Borja Valle, m.57); Pedro Sánchez y Carlos Fernández (Quique, m.71).

gol
0-1, m.82: Bergantiños
Árbitro
Díaz de Mera (Colegio Castellano-Manchego). Mostró tarjetas amarillas a los jugadores del Málaga Luis Hernández (m. 10), Keidi Bare (m. 41), Adrián (m. 75) y Ontiveros (m. 90), y a los jugadores del Deportivo Bóveda (m. 35), Carlos Fernández (m. 38) y Dani Giménez (m. 68).
incidencias
Partido de vuelta de la primera eliminatoria de ascenso a la Liga Santander diputado en el estadio de La Rosaleda ante 27.275 espectadores.

El Málaga salió a tumba abierta, como si necesitara una remontada de tres o cuatro goles, y acabó por pasarle factura en la primera parte. Algunos córners se desaprovecharon por precipitación, faltó temple en momentos puntuales para hilvanar una jugada o cerciorarse mejor de una línea de pase potable, y cuando pasaron los minutos y el primer gol no llegó entró la ansiedad. El Deportivo se sabía de memoria la lección, así que perdió tiempo cada vez que pudo –y siempre en la frontera de lo permitido– y salió escalonadamente con la pelota para sortear la presión local.

La primera parte se saldó con más juego que ocasionespara el Málaga. Estas fueron pocas, sí, pero con la espectacularidad propia de las intervenciones del mejor Ontiveros. En ambos casos estrelló el balón en los palos, primero en una vaselina endiablada que escupió el poste izquierdo, y después, como solución a una acción trompicada en la que la pelota fue ascendiendo hasta golpear en el larguero precisamente por el movimiento desequilibrado del marbellí. El resto fue un carrusel de intentos frustrado por la solidez defensiva del Deportivo y también, cómo no, por carencias que en esta fase final han quedado ocultas por el deslumbrante papel de Ontiveros. Porque, seamos claros, un equipo no puede aspirar al ascenso con un delantero centro (Blanco) con tan escasas apariciones en la zona de remate e inédito en el gol a domicilio.

Víctor movió ficha en el descanso en el reconocimiento claro de un error. El Deportivo no es el Elche y desnudó las limitaciones de Hicham cuando juega de salida. El marroquí, al mismo nivel físico que su par, no respondió, lo que llevó al técnico a apostar por Renato. Y a los diez minutos, vista la inoperancia del equipo, prescindió de Harper para buscar más chispa con Koné.

Pero el Málaga nunca llegó a arrinconar al Deportivo. Más bien al contrario. El equipo gallego salió de la trinchera con la entrada de Fede Cartabia y un poco más tarde de Borja Valle, lo que encima obligó a los blanquiazules a desgastarse mucho físicamente en la persecución al rival. Los recursos brillaron por su ausencia y Ontiveros, la tabla de salvación, se perdió en la misma jugada una y otra vez. La contribución de los jugadores de refresco fue mínima, los laterales apenas se prodigaban y Blanco dejó en el minuto 65 el destello de un disparo peligroso... desde fuera del área.

En realidad, desgraciadamente, el Málaga nunca pareció con opciones en la segunda parte de conseguir la remontada. Volvió a mostrar demasiadas limitaciones, pero, para colmo, Munir emborronó su gran temporada con otro error, si cabe más clamoroso que el 4-2 de Riazor. Acomodó mal el cuerpo en el punterazo de Bergantiños y acabó por liquidar cualquier esperanza, por mínima que se atisbara. Después no hubo consuelo para el marroquí, aunque la afición lo arropó y lo obligó a salir en la despedida al equipo. La afición no bajará los brazos. La malaguitis no tiene cura.