Intolerable derrota del Málaga

N'Diaye, en una de las contadas ocasiones ayer del Málaga, remató dos veces en el área. / Ñito Salas

La vergonzosa falta de actitud se sumó a la escasez de recursos para ser humillado por un Reus que le sacó los colores de principio a fin

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Ni la más mínima excusa. El Málaga ni puede ni debe esgrimir argumentos para tratar de justificar la intolerable derrota sufrida frente al Reus. Frente a un rival hundido en la miseria (aunque juegue bien), la vergonzosa falta de actitud se sumó a la falta de recursos ya conocidos para firmar uno de los partidos más lamentables que se recuerdan en La Rosaleda. Sobran los adjetivos. Con el 0-3 del marcador basta.

0 Málaga

Munir; Cifu (Héctor Hernández, m. 69), Diego González, Pau Torres, Ricca; Pacheco (Renato Santos, m. 46), N'Diaye, Adrián, Juanpi (Hugo, m. 46); Harper y Gustavo Blanco Leschuk

3 Reus

Pol Freixanet; Bastos, Catena, Olmo, Borja Herrera Borjita; Carbonell, Gus Ledes, Mario Ortiz (Gonzalo, m. 74), Ricardo Vaz (Guerrero, m. 66); Querol y Linares (Alfred Planas, m. 46).

goles
0-1, M. 11: Borja Herrera Borjita. 0-2, M. 62: Gus Ledes (p). 0-3, M. 82: Querol.
Árbitro
López Toca (Colegio Cántabro). Mostró tarjeta amarilla a los malaguistas N'Diaye (m. 30), Harper (m. 56), Renato Santos (m. 57) y Diego González (m. 62), y al futbolista del Reus, Linares (m. 37).
incidencias
Partido correspondiente a la vigésima jornada de la Liga 1/2/3 diputado en el estadio de La Rosaleda ante 16.058 espectadores.

Se desconoce si los jugadores malaguistas pensaban que el partido iba a ser una carrera de fondo y que el Reus iba a acusar con el paso de los minutos la escasez de entrenamientos en las dos últimas semanas debido a su crítica situación. Se desconoce también si, pese a la advertencia de Muñiz, creían que con el escudo y el nombre del club iban a asegurar el triunfo. Desde luego, el partido del Málaga fue intolerable. Porque una cosa es mostrar poco juego y no mucha calidad (como ha ocurrido en muchos encuentros y alcanzó su punto culminante en el bodrio del Tartiete), y otra, muy distinta, es esa sensación de apatía en varios futbolistas. Que le costara tanto recuperar la pelota al borde del área contraria cuando el equipo rojinegro se empeñaba una y otra en sacarla jugada desde atrás es un reflejo de la clara falta de intensidad.

No se equivocó Muñiz en la previa. Pronosticó que el Reus iba a ponerlo difícil, entre otras razones porque es uno de los equipos con fútbol más vistoso de la categoría... hasta que las fuerzas aguantan. La falta de recambios le ha hecho perder muchos puntos, pero el equipo de Xavi Bartolo sabe bien marcar los tiempos y emplear uno u otro estilo, de toque o con juego en largo, según se requiera. Mientras, el Málaga estuvo perdido. Tardó en conectarse y, cuando quiso darse cuenta, ya estaba por detrás en el marcador. En diez minutos había regalado dos córners y una falta lateral, un pecado mortal en esta categoría.

Ni siquiera reacción

La reacción de los jugadores malaguistas tampoco es que estuviera marcada por el coraje. De la alineación poco se pudo cuestionar (porque entre tantas bajas sólo había que echar un vistazo al banquillo), pero de la actitud sí. Y mucho. Dani Pacheco apenas entró en juego, Juanpi aburre con tanta pseudofantasía y Harper volvió a evidenciar que técnicamente está muy justo. Blanco tampoco fue tan decisivo por alto o en el juego de espaldas. Adrián adelantó su posición en varias fases para tratar de neutralizar la superioridad numérica del Reus en la medular, pero al final tuvo que cubrirle las espaldas en demasía a N'Diaye. Salvo dos remates de este en un córner y un tirito de Juanpi, el Málaga no creó peligro hasta el desanso. Y eso que Pol transmitía inseguridad bajo los palos.

Muñiz no pudo ser más drástico en la reanudación: dejó en el vestuario a Juanpi y Dani Pacheco para dar entrada a Renato y al filial Hugo, todavía juvenil. Fue este último quien le dio una marcha más a un Málaga que había jugado al trote, sin movilidad ni verticalidad. Parecía que el empuje del novel iba a contagiar al equipo (y también a empequeñecer al Reus), pero fue un espejismo. Ofensivamente se echan en falta demasiados recursos, pero lo menos que se les podía exigir a los futbolistas blanquiazules es que mostraran esa vergüenza torera de la que sí hicieron gala los rojinegros.

Encima, la jugada le salió perfecta al entrenador visitante, que prescindió de Linares para situar a Querol como hombre más adelantado. El reubicado extremo aprovechó un pase al hueco para forzar un penalti (en un contacto fuera del área por centímetros) y Gus Ledes puso el partido aún más cuesta arriba. Sólo entonces, ya con 0-2, se vio una ocasión de peligro en juego, no a balón parado. Pero el remate de Blanco lo desvió Pol sobrado de reflejos. Muñiz apostó por jugar con un delantero más (Héctor) y situó a Renato como lateral derecho, en el puesto de Cifu. Aunque no era cuestión de jugar con más o menos puntas. Es cuestión sencillamente de que el Málaga está muy corto de juego, verticalidad, uno contra uno, desborde... En definitiva, de calidad con mayúsculas. Ytambién esta vez fue cuestión de que el Málaga estuvo muy corto de intensidad, empuje y arrojo.

El Reus nunca se sintió en peligro, ni siquiera cuando tuvo que recurrir a dos canteranos. Es más, hasta se permitió el lujo de redondear su portentosa actuación con otro gol de Querol a servicio de un ex del Malagueño, Alfred, y sacar así los colores de principio a fin a Muñiz y los suyos. Ya con 0-3, en los últimos minutos, Pol se lució y dejó su marco a cero. Eran los minutos de la basura de un partido que el Málaga tiró por su falta de actitud en una actuación intolerable. O el domingo espabila frente al resucitado Zaragoza de Víctor Fernández o será arrollado.