El equipo le puso música al canto de los aficionados

Tras un primer tiempo de 'los de antes', el Málaga se transformó en entrega, juego y goles

N'Diaye festeja un gol con Blanco y Adrián. /Salvador Salas
N'Diaye festeja un gol con Blanco y Adrián. / Salvador Salas
Paco Cañete
PACO CAÑETE

Hay que tener memoria para recordar a los que te han ayudado. La jornada del pasado martes es ya inolvidable en mi vida. Con motivo de la presentación del libro de mis vivencias del Club Deportivo Málaga, amigos y aficionados me hicieron feliz. Mucho. A lo grande. Fue una tarde de ensueño. Tan fantástica que me pareció irreal. La sala de prensa Juan Cortés (no se podría llamar de otra forma), a tope. El buen ambiente, hasta el techo. Y yo, en medio. La exquisita colaboración de los más del centenar de asistentes tuvo un broche que me llegó a lo más profundo de mi persona: el trofeo 'Leyenda del deporte', que me entregó la Asociación Española de la Prensa Deportiva en la persona de su secretario nacional, Oswaldo Menéndez. Para usted y usted que estuvieron allí, y a todos los que me acompañaron, coloco los brazos sobre mi pecho para ofrecerles un abrazo de gratitud y correspondencia que me sale del alma.

Por si no fue poco lo del martes, el Málaga nos ofreció en su encuentro ante el Zaragoza una segunda parte de lujo. Para ser justo tengo que decir que el primer tiempo fue un calco de los presenciados no hace mucho. De jovencillo admiraba a los entrenadores. Que el Málaga no funcionaba en la fase inicial, me imaginaba que el técnico de turno, con sus órdenes y consejos, transformaría el juego del equipo. Hoy no pienso así. Ahora valoro a los que se sientan en el banquillo. Los buenos no hacen milagros, pero saben aprovechar las posibilidades de sus elementos. Y los malos… ¿qué les puedo decir que no sepan?

Los más de diez minutos de descanso del viernes fueron providenciales. Desconozco lo que Víctor Sánchez del Amo dijo. Y mucho menos en el tono que daría sus órdenes. Lo cierto es que los blanquiazules cambiaron de la noche a la mañana y nos ofrecieron tres cuartos de hora de un juego que transmitía felicidad a lo grande. Me dio la impresión de que el buen juego le puso música al himno del Málaga que muchas miles de gargantas nos erizaron los vellos cantándola 'a capela'. Por cierto que llegué a ser amigo durante años de Luís Posadas, el músico autor principal del himno. Se estrenó a principio de los 70 y sus autores no recibieron una sola peseta del pago. Es más, el maestro Posadas, un enamorado de Torremolinos –en la que pasaba muchos meses del año–, fue de los convencidos de que el himno tenía 'bajío', porque cada vez que sonaba perdía el equipo. Así, durante años. Hasta que se superó la superstición y el propio Posadas, desde el palco presidencial, presenció buenos triunfos de los blanquiazules.

Vamos al partido. Por lo visto, el conjunto maño, que cuenta con buenos elementos, es irregular. Se vio en el campo de Martiricos. En el primer tiempo fue dueño y señor del juego. Pep Biel marcó un buen gol, y poco antes del descanso Cifu derribó dentro del área a Igbekeme. El árbitro no pitó penalti, ni tampoco sacó la segunda tarjeta que Papunashvili se había ganado en dos ocasiones. En los graderíos cundía el desánimo. El cuadro visitante funcionó bien y el Málaga se parecía al de jornadas negativas. Los que el viernes vestían de rojillo corrían más, jugaban con precisión y toque. Eran superiores. Como siempre hay un después, el conjunto local, transformado, arrolló totalmente al equipo de Víctor Fernández. Más, este adversario había encajado 50 goles en la competición, por los marcados que eran casi los mismos. Ahí radica su falta de regularidad. La defensa, floja, muy endeble. El Málaga, cuando realmente la puso a prueba, pudo golear.

En el capítulo individual, buena labor de N'Diaye tanto defensivamente como en el ataque. Se prodigó. Blanco está en forma. Desarboló a los defensores de Zaragoza. Marcó e intervino en muchas jugadas que tenían peligro para el portal de enfrente. Por la banda izquierda alternaron Juan Carlos y Ontiveros. El primero, en funciones de lateral, hizo aguas. Y al de Marbella apenas se le vio en los primeros 45 minutos. Cuando el Málaga funcionó, la pareja brilló. Muy activo Renato, con Cifu mal en la fase inicial y notable en la continuación. Dani Pacheco sobresalió en su reaparición. Los 'play-off' están a la vuelta de la esquina. Antes, el domingo espera el Albacete. No digo más...