Con este equipo no valen pronósticos

Aunque el Málaga ha mejorado, con Ontiveros espectacular, la desilusión, la decepción y el desencanto han sido un golpe bajo. Hablar hoy de ascenso directo es como pedir la luna

Ontiveros, en una de las acciones polémicas. /Ñito Salas
Ontiveros, en una de las acciones polémicas. / Ñito Salas
PACO CAÑETE

Veinticuatro mil espectadores en La Rosaleda. Muchos miles de seguidores asistieron al Málaga-Mallorca empujados por el 1-4 de Alcorcón. El desengaño es de los que causan dolor. Con este equipo no valen pronósticos. La decepción, la desilusión y el desencanto no pueden evitar la calificación de golpe bajo. Como decían en los barrios hace años ante una contrariedad importante, «ahora te sientas y llora». La frustración de los malaguistas es de alto nivel. La competición encara la recta final. Hablar hoy de ascenso directo es como pedir la luna.

La llegada de Víctor Sánchez del Amo y el fulgurante triunfo de los blanquiazules renovaron la ilusión, el sueño. Cierto es que el equipo ha mejorado. No lo suficiente para asegurar la confianza. Obras son amores y no buenas razones. Con los pies en el suelo, el Mallorca puede ser un adversario en los 'play-off' de ascenso, en los que hay que pensar que es la diana de las aspiraciones. Un equipo que no gana ante los suyos desde el 19 de enero ha debido fallar lo suyo, aunque en esta ocasión el estribillo de que el resultado no fue justo le puede cuadrar.

Analizando las posibilidades que unos y otros tuvieron de marcar, por parte del Málaga parecieron muchas, árbitro aparte, que también resultó negativo. Los locales ofrecieron una buena primera parte, pero sin definir. La media hora inicial de Ontiveros fue explosiva. Él mismo, al igual que Blanco, Adrián y Lombán, pudo marcar. El equipo insular era superado por los de Víctor, al punto de que jugaban al ritmo que les marcaban. Durante los tres primeros cuartos de hora, las gafas en el marcador ni mucho menos reflejaban lo visto en el terreno de juego. Así y todo, los visitantes tuvieron dos oportunidades. La más clara del choque, en una clamorosa metedura de pata de Lombán (en el minuto 12) colocó el balón a pies de Budimir, que, más solo que la una, remató a un par de metros y Munir, fenomenalmente, lo mandó a córner. Y en el minuto 33, Dani Rodríguez remató raso y fuerte junto a la base del poste izquierdo. Munir estuvo otra vez afortunado.

En el segundo tiempo el Málaga fue más irregular y, sin embargo, en esta fase fue el meta Manolo el que se lució en un par de remates, sobre todo en uno de Adrián. Al final, de un saque de banda llegó el gol de la derrota en un desajuste defensivo. El local, aunque acusó cansancio en la parte final, fue un equipo ambicioso, que le echó ganas y mereció más, pero el fútbol es así. A continuación voy a dedicar unas líneas al colegiado, algo a lo que no suelo recurrir cuando pintan bastos en un marcador.

No tengo ni idea de la carrera del árbitro, David Pérez Pallas. He leído que es de Vigo, que tiene 31 años y que lleva en Segunda División siete temporadas. El pasado sábado cometió una serie de fallos que lo descalifican. En el minuto 6 Ontiveros, tras superar a cuatro adversarios en velocidad, es derribado en el área. Hubo contacto físico claro. No pitó nada. En el 14 el propio jugador volvió a ser derribado. En esta ocasión sí hay dudas. Y hubo un tercero que no admite discusión. Se equivocó en la señalización de numerosas faltas, y aplicó tarde y mal la ley de la ventaja. A Salva Sevilla no le mostró la segunda tarjeta en el minuto 20 del segundo tiempo, tan clara como espectacular. Las culpas de la derrota del Málaga no son del colegiado, aunque, eso sí, este aportó su granito de arena.

En resumen, el desengaño ha hecho daño en la afición. Cuando se las prometía felices, ¡zas!, otro golpe. La clasificación canta por sí sola. A pesar de que el equipo ha mejorado, no ha sido suficiente para dar un salto. Soñar no cuesta nada. Lo peor es el despertar con un fracaso. De cualquier manera, los seguidores del Málaga no deben bajar el listón de sus sentimientos. Cuando finalizó el partido se me vino la frasecita al pensamiento. «Ahora te sientas y lloras». Transcurridos más de dos días, el enfado se va superando. La Liga sigue sin opción a más errores. A ver...