LA EVOLUCIÓN DEL FÚTBOL

MANUEL CASTILLO

Cualquier parecido entre el fútbol de ahora y el de antes es pura coincidencia. Por dentro y por fuera. Lo único que se mantiene inalterable, en tanto a la FIFA no se le ocurra otra cosa, es que los equipos siguen con once jugadores sobre el terreno de juego aunque, al final, puedan utilizar mediante relevos hasta catorce. En cuanto al juego, superados el sistema original de dos defensas, tres medios y cinco delanteros, el de la famosa 'WM' y el de los 'pivotes' y 'carrileros', hemos llegado a la resolución de que la táctica más empleada actualmente es la de un portero, un delantero y nueve jugadores más (vamos, un 1-9-1). En cuanto a la mediación arbitral sus equipos fueron creciendo desde tres elementos (el árbitro y dos linieres) a los cuatro (tres más el reserva o cartelista) hasta los seis por la integración a nivel europeo de los innecesarios jueces de gol. Y, por si fueran pocos, nace el VAR con otro ramillete de colegiados a su disposición (¿hay quien dé más?) Antiguamente a los jugadores se les valoraba según el barro que manchaba sus equipaciones (en razón a su denodado trabajo sobre el terreno enfangado); ahora no hay barro pero el césped salta en manojitos y se convierte a veces en una excusa más si hay algo que justificar. Nada es igual.

Ahora nos llega la revolución. La evolución, según Luis Enrique. Unos cuantos jugadores han abandonado la selección, unos por fin de su ciclo, otros huyendo de la quema. Y alguno porque el seleccionador está dispuesto a finiquitar su carrera (caso de Jordi Alba), del que ya se desatendió la pasada temporada en el Barcelona enviándolo al ostracismo; todo lo contrario en el caso del portero Pau López, cuya convocatoria no se entiende, como no sea con un amigable afán de encumbrarlo. No, no creo que Luis Enrique sea el profesional indicado para poner en marcha un nuevo ciclo del fútbol español. Al tiempo.

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