Stefany: «Mi sueño era jugar en España»

La internacional colombiana Stefany Castaño, tras el entrenamiento de ayer en el Francisco Romero de Rincón de la Victoria. /Germán Pozo
La internacional colombiana Stefany Castaño, tras el entrenamiento de ayer en el Francisco Romero de Rincón de la Victoria. / Germán Pozo

La portera colombiana Stefany, que debutó hace días en la Copa de la Reina, relata su periplo antes de recalar en el Málaga

MARINA RIVAS

Es creyente, muy creyente. Tanto que lo primero que hace al saltar al campo es quedarse frente a la portería (o 'arco', como dicen en ciertos lugares de América Latina) mirándola fijamente mientras le reza a Dios, al mismo que le agradece el haber llegado hasta aquí. «Mi sueño era jugar en España. Allí en mi país esta liga da muy buena impresión. Se habla muchísimo de ella, del Atlético de Madrid, el Barcelona, incluso sabía que el Málaga estaba en Segunda el año pasado», asegura. Stefany Castaño mide en torno a 1,75 metros, tiene 24 años, es natural de Bogotá y, junto a la selección absoluta de Colombia, ha acudido al Mundial de 2015 y a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016. Y, hace sólo unos días, debutó como malaguista nada menos que en Copa de la Reina ante el Atlético de Madrid.

Pese a un 4-2 en el que el Málaga intentó incrementar el suspense y maquillar el marcador final, acabó eliminado, pero la meta colombiana dejó entrever algunas de sus mejores cualidades, sobre todo durante la primera parte. Pese a lo tímida que pueda ser en persona, bajo los palos transmite seguridad y se atreve a salir de la zona de confort para parar al rival. El resultado final lo construye el equipo, pero muchos siguen creyendo que lo acertado es culpar siempre al portero.

Sobre esta cuestión, Stefany explica: «El arco es mío. Protegerlo es mi trabajo. No hay nadie detrás de mi y sentimos que al ser la última oportunidad de que el balón no entre es como si las compañeras nos dijeran 'por favor, páralo'», se sincera la malaguista. Y continúa: «Sí que duele cuando encajas goles y cuando dicen 'mira, a esa le han metido cuatro'. Pero es la responsabilidad que implica esta posición».

Ponerse los guantes en su niñez fue su decisión (aunque empezase jugando de central), porque fue el ejemplo que tuvo en casa. «Yo empecé viendo jugar a mi hermano, que ahora es técnico en México. Él fue mi mayor motivación y después mi hermana también siguió los mismos pasos. Ahora estudia en Estados Unidos mientras juega y sí que tiene proyección como para ir a la selección colombiana algún día (tiene 18 años)», explica.

Los mismos escalones que fue superando la malaguista mientras, como cada jugadora que comienza, tuvo que romper algunas barreras. «Siempre están los típicos que te dicen 'el fútbol no es para mujeres', '¿qué hace una niña con un balón? Deberías estar en casa', 'déjaselo a los hombres que a ti no te da a dar la vida'… Pero bueno, es lo típico. Estamos en un mundo que todavía no es consciente de la realidad», explica, con la madurez necesaria para no tomar en serio aquellos comentarios.

Dados sus primeros pasos en equipos de base colombianos, a los 16 años comenzó su nuevo reto y se fue de la casa de sus padres al ingresar con una beca deportiva en la Universidad de Graceland (Iowa), a dos horas de Kansas. «Entré a la Universidad a esa edad, porque en Colombia tenemos un grado (curso) menos en el High School. Por supuesto en mi clase era la más pequeña o de las más pequeñas», recuerda. Allí disputó durante cinco años la primera división de la liga universitaria (NCAA), mientras cursaba la carrera de Entrenamiento Deportivo y Psicología, que más tarde completó con un Máster en Ejercicio y Salud, que comenzó en Grecia y a día de hoy sigue cursando.

Diferencias culturales

Y es que, antes de llegar al Málaga vivió en Grecia, donde jugó con el Elpides Karditsas, que más tarde ganaría la Liga y disputaría Champions. SIn embargo, Stefany se fue pronto al Patriotas de su país, por iniciativa propia y gracias a la ayuda de su agencia de representación (Sólo Cracks). A pesar de la imagen que muchos mantienen de su país, asegura: «Claro que hay más seguridad en España, en mi país por desgracia no puedo ir con el móvil por la calle porque es como si incitara a la gente para que me robara, pero la imagen de Colombia como el país de la droga es la que más se vende y no es así», se sincera, y asegura que es una idea sobrealimentada. «Hay sitios y sitios, como en todos lados y es un país hermoso donde la gente siempre es muy hospitalaria y te tiende la mano si vienes a visitarlo, no todo es malo», añade.

Pensando ahora en defender su nuevo escudo, asegura que a este Málaga todavía le queda mucho que demostrar:«Aunque el equipo pierda, seguimos con la cabeza alta e intentándolo todo el tiempo, es una de las cosas que nos definen». Contenta por estar viviendo un sueño, pese a estar lejos de casa, sabiendo que fue lo que decidió cuando quiso dedicarse a esto.

Muy personal

- Antes de salir al campo...

–Me pongo enfrente del arco (portería) y me encomiendo a Dios. Todo lo que he logrado en mi vida se lo debo a él.

¿Un ídolo deportivo?

–Iker Casillas.

¿Un jugador del Málaga?

–Gustavo Blanco ahora mismo.

¿La jugadora revelación del equipo?

–Yo creo que Dominika.

¿Un libro favorito?

–El de Iker Casillas.

¿Y una película?

–'En busca de la felicidad'.

Si tuviera que quedarse con un cantante...

–Sería Ricardo Arjona.

¿Algún sueño frustrado?

–Quise estudiar Medicina, pero me decanté por el fútbol.

¿Algo por aprender?

–Quizás francés.

En diez años...

–Espero tener una familia y seguir ligada al fútbol, como mi hermano.

 

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