CUANDO EL FÚTBOL TIENE FRÍO

MANUEL CASTILLO

El frío y la nieve azotan a medio mundo. Y el del fútbol no iba a ser menos. De ahí que los estadios estén mayoritariamente en sus cotas más bajas de asistencia, especialmente en esos partidos nocturnos de viernes y lunes, que parecen tener la apariencia de castigos 'por malos'. Poca gente en los partidos, poco ardor en los jugadores, que, a veces (con guantes y mangas largas) parecen contagiados del frío ambiental. Antes, hace ya muchos años, el frío había que aguantarlo porque no teníamos televisión y, si se quería ver fútbol, ver a las figuras que sólo conocíamos por fotografías había que estar a pie de campo, porque el calor lo aportaban los Basora, Pahiño, César o Mundo, cuando no eran Marcelino, Amancio, Puskas o Hugo Sánchez quienes nos maravillaban con sus goles, que no necesitaban del VAR. Eso sí. A veces embadurnados en barro, que ahora no se conoce.

Y recurro al frío en la duda que tengo sobre el comportamiento de los equipos un día y otro. En esta pasada jornada, el lamentable empate de La Rosaleda nos hizo temer un bajonazo en la clasificación, pero el Granada perdió con Osasuna (que se suma al paquete de aspirantes al ascenso), en tanto que el Deportivo no pasó del empate. Ahora, en vez de un líder ya son tres, lo que confirma que no hay lugar para desmayos, por mucho frío que haga. Al Málaga, que es el que nos duele, le toca calentar motores y el domingo se la juega en La Rosaleda ante Las Palmas.

Y qué decir de los grandes de Primera. Al desahuciado Madrid le deben haber calentado los palos que ha recibido y empieza a mostrarse fuerte cuando Barcelona, Atlético y Sevilla pierden puntos; lo peor es que mañana mismo se inicia un temporal futbolístico con encuentros de Copa, Liga y Champions del que alguno de ellos saldrá malparado. Un mano a mano entre madridistas y catalanes en la Copa ha de resolverse en pleno apogeo de la Liga y, lo que es peor, con las soñadas eliminatorias europeas a la par. La cuesta de febrero habrá de dejar tocado a uno de los dos, mientras que el Betis es otro equipo soñador. No es para menos el hecho de poder jugar la final en su estadio. Alicientes para que pueda asegurarse que el espectáculo está servido.