HABÍA QUE GANAR Y SE GANÓ

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Tenía el Málaga que salir del K. O. sufrido ante el Reus. A priori La Romareda no era el lugar más propicio, pero los hados del fútbol son tan extraños e inesperados que cuando menos te lo esperas aparecen de cara. Eso fue lo que le pasó ayer al Málaga, que tuvo la suerte y todo lo que ustedes quieran más, que me da igual, porque lo que interesa al final es lo que señala el marcador, y este dejaba un 0-2 rotundo y precioso para los intereses malagueños.

Ganó el Málaga con claridad en el marcador, pero las pasó canutas. Muñiz revolucionó el equipo titular. Lógico: no le quedaba más remedio tras el ridículo de hace una semana, con la entrada de Keidi, Hugo, Lacen y Renato (Juanpi, Adrián, Dani Pacheco y Harper penaron el partido ante los catalanes). Lo cierto es que lo primero que se vio fue a un N'Diaye mucho más suelto, y a un Keidi al que va a costar trabajo quitarle el puesto. Por lo demás, más de lo mismo. O sea, el 'Málaga Muñiz', atrás, agazapado, esperando que sonara la flauta, como así fue tras una falta muy bien sacada por Renato que Ricca transformó en gol al cabecear en plancha. Todo iba de maravilla, pero el segundo tiempo que tuvimos que soportar los malaguistas fue de infarto. De entrada, Muñiz sacó tras el descanso a Juanpi y a Adrián. No hay que buscar causa-efecto en esos cambios, pero lo cierto es que el Zaragoza machacó y embotelló al Málaga, no sólo con la posesión de la pelota, sino también con claras ocasiones, frustradas todas por un Munir que volvió a ser el de comienzos de la temporada.

El Zaragoza, con Pombo como estelar, lo intentaba de todas las maneras, pero el Málaga, con sus dudas, que siempre las tiene, se defendía como gato panza arriba. No hacía otra cosa, salvo rifar el balón y no salir prácticamente de su terreno de juego, pero como la pelota es tan caprichosa como hermosa, en la única ocasión que los de La Rosaleda llegaron a la meta maña, Adrián sentenció. Tres puntos de oro, pero sin motivos, por lo que se vio, para la euforia. Se ganó, sí, pero el juego dejó mucho, muchísimo que desear. Pero... se ganó.

 

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