IMPECABLE

MARTÍN NAVARRETE

No hay lugar a dudas de que estamos ante un buen árbitro. El riojano Soto Grado lo está demostrando con creces en la presente temporada. No parece que sea un colegiado inexperto, sus movimientos en el ritmo del encuentro y el control que sostuvo cuando el partido tomaba derroteros nada recomendables permitió ver a las claras que atesora calidad para figurar en la máxima categoría. Solo necesitó de la primera media hora de partido, donde la tensión era elevada, para dejar patente que él era el único responsable de las deciones que hubiese que tomar.

Supo aplicar la ventaja, medir con acierto y de forma equilibrada las acciones que tenían que ser acompañadas de amonestación. No se dejó llevar por la excesiva teatralidad de los jugadores locales en jugadas concretas, utilizando las advertencias en el comienzo del encuentro. Primero a Pedro por protestar la posición de Ontiveros en la ejecución de un córner; más tarde a Blanco también por hacerle observaciones. Absurda la protesta. Acierta plenamente al señalar el claro e inocente penalti de Ricca al derribar a David Simón.

No es posible destacar algo en esta faceta. Ni tan siquiera los asistentes en el control del fuera de juego. Tampoco en otras indicaciones. Hasta en la jugada en la que Keidi es claramente desbordado por Fede que lo supera en la línea medular, y en la que tanto jugadores como el público desde la grada reclamaron que el jugador malaguista debía ser expulsado. Soto Grado vuelve a acertar por no ser ocasión manifiesta de gol. La distancia era lejana y la cercanía de Pau Torres desvanecía la ocasión manifiesta, de ahí que le amonestara con acierto.