El Málaga dobla su apuesta goleadora

Ontiveros festeja su gol ante el Oviedo el lunes, en una espectacular acción individual fuera del área./
Ontiveros festeja su gol ante el Oviedo el lunes, en una espectacular acción individual fuera del área.

Promedia dos tantos por partido en la etapa de Victor, frente a uno por duelo a las órdenes de Muñiz

Pedro Luis Alonso
PEDRO LUIS ALONSOMálaga

El Málaga ha duplicado su apuesta realizadora desde la llegada de Víctor Sánchez delAmo al banquillo. Por más que la comparativa con la anterior etapa pierda sustancia al tratarse aún de un periodo breve el que lleva el técnico madrileño al frente de la plantilla, no deja de ser curioso que las cifras sean tan exactas y dispares a estas alturas: si el cuadro de La Rosaleda promediaba un gol por choque cuando lo entrenaba Juan Ramón López Muñiz, ahora está asegurando dos por compromiso. Una simple lectura de este dato abrumador es que las posibilidades de victoria del equipo se incrementan claramente si se avala en circunstancias normales ese 'dos' en el casillero anotador del equipo.

Los dígitos no son circunstanciales. En el campo ha quedado patente que la apuesta ofensiva del equipo es otra. El Málaga llega con más jugadores a la zona de remate y, aunque en algunas de las citas más exigentes de la etapa actual ha tenido más problemas para asomarse en ataque, suele generar un número mayor de oportunidades de gol.

El Málaga de Víctor quiere ser protagonista y la filosofía de juego incluye la máxima de que si se ataca o se tiene la posesión del balón en el campo contrario se reducen las opciones de sufrir en el área propia. Con el 1-4 en Alcorcón, el 0-1 en casa ante el Mallorca, el 1-1 en Cádiz y el 3-0 al Oviedo el conjunto blanquiazul totaliza ocho goles a favor y tres en contra en este breve periodo, con lo que las cifras realizadoras presentan un buen equilibrio. En la 'era Muñiz', por contra, el equipo era de los menos goleadores de la categoría, con 34 tantos en otras tantas jornadas. Al menos sus 26 goles recibidos le daba algo de valor a su pobre bagaje atacante.

Sin embargo, el gran paso adelante en el Málaga actual es la aportación de la 'segunda línea' de ataque, dentro de ese 4-1-4-1 habitual. Con Víctor el cuarteto que forman Renato, Adrián, N'Diaye y Ontiveros se ha liberado mucho en ataque y tiene mucha presencia en la zona de definición. Los resultados están ahí, con un gol del luso, que estaba inédito; tres del extremo marbellí, que llevaba más de una temporada sin ver puerta; otro de N'Diaye, un futbolista que ha mejorado claramente en sus prestaciones la s últimas semanas, y dos de Adrián, uno de ellos desde el punto de penalti.

Blanco, más acompañado

El salto goleador del equipo tiene que ver exactamente con estos jugadores, mientras que Blanco se mantiene en su rol de único delantero, y completa una labor táctica menos agradecida pero muy positiva para el lucimiento de los interiores (que en ocasiones parecen más unos medios punta) o los extremos. El argentino, que sigue sin 'mojar' fuera de casa, no ha aumentado su escaso balance goleador con Víctor, pero ahora se encuentra más acompañado en el campo y tiene muchas más opciones para combinar.

El promedio exacto de dos goles a favor desde la llegada del nuevo entrenador se reduce ligeramente este fin de semana, con el 0-1 en Reus, resultado otorgado automáticamente ante la retirada del cuadro catalán (y la amplitud del mismo viene dado por el promedio realizador que tenía en su salida de la Liga); es decir, por motivos ajenos a la propuesta que viene mostrando este nuevo Málaga, que no ha tenido precisamente rivales sencillos en estas últimas cuatro jornadas: Alcorcón y tres equipos implicados en la lucha por acceder al 'play-off' de ascenso, Mallorca, Cádiz y Oviedo.

Duplicar el poder realizador tiene alguna contrapartida defensiva. Aunque el Málaga sufrió poco en defensa ante el Oviedo, pese a jugar una hora con un jugador menos, el equipo arriesga más en la salida del balón con Munir y los centrales, y jugar con las líneas más adelantadas en el despliegue implica asumir más riesgo en los contragolpes.