El Málaga pierde su fiabilidad

Blanco, desolado al término del partido en plena celebración del Granada. /Ñito Salas
Blanco, desolado al término del partido en plena celebración del Granada. / Ñito Salas

El equipo, que casi nunca brilló por su dominio de los partidos, es ahora más vulnerable e inoperante

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

En el primer tramo liguero, hasta no hace mucho, los rivales y especialistas en la Segunda División coincidían en un adjetivo para valorar al Málaga, 'fiable'. Se ensalzaba su capacidad para resolver los partidos, para tenerlos controlados pese a no tener más posesión y para no conceder opciones al contrario. Después de encadenar por primera vez dos derrotas consecutivas y dos encuentros sin marcar tal vez sea exagerado hablar de crisis, pero no tanto asegurar que el equipo dirigido por Muñiz ha perdido fiabilidad.

«Lo que antes metíamos, ahora nos lo meten», subrayan en el vestuario para ahondar en el cambio de tendencia que afecta al equipo y que lo ha dejado fuera de los puestos de ascenso directo y a merced de otros rivales. Incluso, recuerdan que los dos últimos goles han llegado después de un rebote cuando, por ejemplo, el Tenerife estrelló un balón en el palo que pudo costar la pérdida de dos puntos. El propio entrenador aludió precisamente a esos «detalles» en su comparecencia tras la derrota frente al Granada.

Los teóricos extremos no terminan de explotar: un solo pase de gol en jugada en los últimos doce encuentros, de Renato ante el Gimnástic

«En resultados hemos tenido un bajón, pero en juego hoy he visto dos equipos parecidos y las tres primeras ocasiones han sido del Málaga», destacó Muñiz el sábado, tras ver escapar los primeros puntos en La Rosaleda. El argumento esgrimido por el asturiano obliga a ver el vaso medio lleno o medio vacío. Quizá tres ocasiones sean suficientes en la categoría y por supuesto para el propio Málaga (que tampoco ha brillado por acumular oportunidades en los encuentros), pero es obvio que para disponer de tan pocas se requiere eficacia. Yahí el equipo ya no está tan boyante.

En el tramo inicial el equipo encadenó seis victorias en siete partidos, pero es obligado recordar que cinco de ellas fueron por la mínima. Lugo, Alcorcón, Almería y Tenerife (quizá menos el Rayo Majadahonda) pudieron conseguir un punto. No obstante, el Málaga hacía valer entonces su firmeza defensiva: sólo encajó dos goles y dejó su puerta a cero en cinco ocasiones.

Poca seguridad

De aquella seguridad queda poco. En los ocho partidos siguientes el Málaga sólo fue capaz de acabar imbatido frente al Numancia y al Gimástic, en ambos casos en La Rosaleda. Desde luego, la defensa se ha visto mermada por la ausencia de Luis Hernández por una importante lesión muscular, porque ni Lombán ni Diego González convencen. El primero no aportó seguridad en Gijón, donde cometió un error clave en el gol encajado a pocos segundos del final, mientras que el gaditano parece fuera de sitio en la zona derecha del eje de la cobertura.

«Lo que antes metíamos, ahora nos lo meten», subrayan en el vestuario malaguista

Tampoco por delante de la defensa se observa esa contundencia necesaria en la figura del medio de contención. N'Diaye está bajo mínimos y, aunque sus actuaciones notables o sobresalientes han sido muy contadas en lo que va de campeonato, ha sido en los últimos partidos cuando ha ofrecido más dudas con el balón en los pies y se ha visto más desbordado. Paradójicamente, de los últimos encuentros la actuación más sólida de la pareja de 'pivotes' se produjo en la visita al Sporting, cuando Lacen y Boulahroud (sustitutos de los sancionados N'Diaye y Adrián) estuvieron en buen tono en la faceta defensiva –otra cuestión es la creativa– y contribuyeron a que el rival apenas creara peligro.

Menos brillo

Si el Málaga ha perdido ese 'rincón de seguridad' del que tanto hablaba Joaquín Peiró, en ataque cada vez pierden más brillo los jugadores ofensivos. En particular, resultan llamativos los datos relativos a los teóricos extremos cuando se trata de las dos posiciones en las que Muñiz tiene más variantes. La aportación de todos ellos es más que discutible, porque en los últimos doce encuentros sólo han aportado un pase de gol (o 'asistencia') en jugada. Corrió a cargo de Renato ante el Gimnástic, con un centro al segundo palo que remató Koné. Y además fue en contragolpe, no en un ataque estático. Respecto a su contribución goleadora, también es mínima: únicamente han marcado en lo que va de temporada Juan Carlos (en Lugo, cuando Muñiz recurrió a él por Ontiveros en el descanso), Hicham (frente al Córdoba) y Juanpi (en Gijón y en el rechace tras un penalti fallado por Blanco). De momento, Renato, Ontiveros, Dani Pacheco y los menos utilizados Mula (lesionado desde hace muchas jornadas) y Haksabanovic están inéditos.

En ataque el Málaga también ha acusado las lesiones y la menor incidencia de Blanco. La pareja formada por el argentino y Harper estuvo bien en el arranque hasta que el malagueño comenzó a bajar enteros en los partidos previos a su lesión. Su recambio, Koné, tuvo más aportación en goles y 'asistencias' que juego hasta que también causó baja. De este modo, el argentino ha pasado a estar acompañado de Juanpi o Héctor, con escasa incidencia de estos, y también ha lucido más en sus intervenciones fuera del área. La ineficacia del teórico 'nueve' se ha sumado así a la falta de firmeza para convertir al Málaga en un equipo ya no tan fiable.

Preocupación interna por la elevada cifra de balones perdidos

Como actualmente todo se escruta gracias a los programas informáticos y a las diferentes cámaras instaladas en todos los campos, en el cuerpo técnico del Málaga pueden analizar diversos aspectos del juego del equipo. En este sentido, existe cierta preocupación interna por la elevada cifra de balones perdidos en estos dos últimos partidos. Hasta la cita en Almendralejo el equipo sólo había superado una vez, en la visita a Gijón, la cantidad de 160, que ya en sí resulta muy significativa. Ese tope se rebasó primero ante el Extremadura (con 161, igual que el rival) y después el sábado ante el Granada (con 163, cuatro más que el equipo rojiblanco). Además, en el derbi el número de recuperaciones se desplomó (sólo 50 frente a 69 una semana antes), lo que obviamente favoreció al contrario.

 

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