Al Málaga le quema la pelota en los últimos minutos

Blanco trata de no hacer falta a Aketxe en la recta final. /Salvador Salas
Blanco trata de no hacer falta a Aketxe en la recta final. / Salvador Salas

Frente al Cádiz volvió a hacer demasiadas concesiones al rival en la recta final y de nuevo puso en riesgo la victoria

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Definitivamente al Málaga le va la marcha. Parece que todos sus miembros se han abonado al discurso de que los éxitos se saborean mejor cuantos más sufridos sean. El sábado por la noche, frente al Cádiz, no fue una excepción y al equipo volvió a quemarle la pelota en la recta final, lo que puso en riesgo el triunfo. «No sé cuánto va a aguantar el corazón esta temporada», apuntó gráficamente un aficionado nada más producirse el pitido final del árbitro tinerfeño Trujillo Suárez.

Aunque es cierto que esta vez no hubo ni parada milagrosa de Munir ni despeje salvador de un futbolista bajo los palos, la última acción del partido dejó a los diecisiete mil seguidores malaguistas presentes en La Rosaleda con un nudo en la garganta. Carrillo, completamente solo, remató alto de cabeza delante de Munir. El delantero estaba en fuera de juego (señalado por el asistente de Preferencia), pero la acción llegó precedida de un doble error de Ricca. Primero, al dudar en el despeje de la pelota, lo que conllevó que al final rebotara en él y se marchara por la banda, y después, al descuidarse en la prolongación de cabeza de un contrario (Adrián trató de salir al quite y no llegó).

Desde el minuto 82, con otra falta absurda en el lateral del área, los jugadores cometieron un sinfín de imprecisiones

Esa fue la última de una larga lista de imprecisiones que arrancó en el minuto 82, en otra absurda falta regalada en el lateral del área, por parte de Ontiveros. Carrillo remató libre de cabeza, pero algo forzado, en la prolongación del palo derecho y mandó la pelota fuera. Durante casi cuatro minutos dio la impresión de que el Málaga mantenía el control porque únicamente se produjeron sendas pérdidas de balón (de N'Diaye y Dani Pacheco). Así, hasta que al filo de cumplirse el 86 Munir salió más de la cuenta, Pau Torres cedió atrás sin mirar... y se escuchó un murmullo muy elocuente en la grada.

Un flan

Desde esa jugada el Málaga fue un flan. Diego González arriesgó con un intento de despeje que pudo acabar en juego peligroso y consiguiente falta al filo del área. A continuación, Cifu regaló un saque de banda y Munir, al que esta vez le faltó la celeridad de apenas dos minutos antes, no llegó a tiempo para evitar el córner.

La prolongación, cuatro minutos que al final fueron casi cinco por la entrada de Lombán en sustitución de Cifu, arrancó con dos acciones a las que no llegó Blanco, ya con un agotamiento evidente; pérdidas de balón de Adrián y Harper, y otra falta absurda del propio Harper al filo de la divisoria. Y seguidamente, un despiste de marcaje de los futbolistas situados en la izquierda (Ontiveros y Ricca), que dejaron centrar cómodamente a Álex Fernández, aunque sin consecuencias.

El partido de menos agobio por parte del rival fue precisamente el que no acabó en triunfo, ante el Sporting

El propio Álex Fernández dispuso de un remate relativamente cómodo dentro del área (que mandó a pocos metros del palo izquierdo) en una jugada que en su origen tuvo un inoportuno resbalón de Cifu. Segundos antes, un despeje de N'Diaye no encontró receptor porque Blanco, de nuevo, no volvió a llegar al balón.

Muñiz, en previsión de que llegara el momento de los balones bombeados por parte del Cádiz, introdujo a Lombán en el minuto 93:25. El Málaga pasó a jugar con tres centrales y Renato y Ricca en los flancos. En apenas minuto y medio regaló una falta en el centro del campo (Lombán se pasó de frenada y golpeó al contrario en el salto cuando sólo llevaba 25 segundos en el campo) y luego llegó el saque de banda ya referido por la tardanza de Ricca en despejar al campo contrario.

El Málaga volvió a sufrir para asegurar los puntos. Paradójicamente, la única vez que se los dejó por el camino fue en el partido de menos agobio, frente al Sporting en Gijón. Entonces, el rival no avasallaba y le bastó un regalo en un saque de banda para convertir la derrota en empate. Pero es evidente que una de las asignaturas pendientes para Muñiz y sus jugadores es evitar que el balón queme en los últimos minutos.