EL MENSAJE DE MUÑIZ

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Definitivamente ha calado el mensaje de Muñiz. En el club, en el vestuario y en el entorno. «Esto es Segunda, aquí los partidos se ganan así», sentenció ayer un aficionado cuando le expuse que el partido del Málaga había estado escaso de brillo. Me lo recalcó con tanto énfasis que no tuve más remedio que reflexionar sobre la capacidad de persuasión del entrenador asturiano. Me vinieron entonces a la memoria el cambio radical al que sometió al equipo en el verano de 2007 (no dejó «ni al apuntador», como vaticinó José Carlos Pérez), el compromiso de los cuatro futbolistas incluidos meses antes en el ERE (a los que mantuvo en el vestuario en contra de algunas voces internas) o la lealtad de los jugadores en 2010, cuando iba a ser destituido y dieron la cara por él en el Pizjuán. Pero también cabe recordar que el técnico ha llegado esta vez con mucho viento a favor. Más bien, con todo el viento a favor. La situación era tan desoladora y caótica que casi nadie (la unanimidad es imposible) cuestionó que el proyecto se dejara en sus manos. Por encima de todo, faltaba orden y que imperaran la profesionalidad y, sobre todo, la autoridad. «Muñiz te habla muy claro desde el primer día», suele decir Weligton. «Marca un camino y el que se salga de ahí se queda fuera», recalcó en su momento Arnau. Pero a la postre, en Segunda, lo que queda son los resultados y la entrega de los jugadores, muy por encima del juego. El aficionado está satisfecho por los cuatro triunfos, pero también porque ve que el equipo trabaja y se sacrifica. Es decir, que compite. Y eso, viniendo de donde veníamos, tiene un mérito indudable en tan pocos meses. Soy consciente de la dificultad de la categoría, de que la plantilla no se ha rematado, de que los canteranos juegan un papel clave para mantener un nivel alto en el día a día (y lo está pagando el Malagueño) y de que cualquier rival te puede dar un susto. Incluso de que el sábado faltaban piezas importantes ante un buen equipo. Pero, por mucho que haya calado el mensaje de Muñiz, el Málaga juega demasiado al filo de la navaja. La diferencia entre el empate y la victoria no ha sido muy holgada. Conviene no olvidarlo.

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