Malaga CF

El malestar de Al-Thani no es nuevo

Ghubn y Al-Thani, en la primera visita al campo malaguista hace casi cuatro años. / Salvador Salas
  • Los problemas en el Málaga y también en el puerto de Marbella indignaron algunas veces al jeque

  • En los dos últimos años se quejó de ciertas injusticias y echó de menos más colaboración de las instituciones públicas y futbolísticas

El Málaga era hasta ahora el único club de la élite que disponía de un propietario extranjero, y más concretamente de un jeque árabe. Parecía un privilegio para la afición blanquiazul. Supuso una revolución absoluta en la ciudad y poco después en la propia Liga española. Pero ya pronto destacaron sus colaboradores más cercanos que las dificultades que estaban encontrando, tanto burocráticas como de funcionamiento, no existían en otros países en los que habían estado. Aunque aparecieron algunos complicaciones añadidas desde el comienzo, Abdullah Al-Thani fue invirtiendo de una forma importante y progresiva hasta llegar a unos 150 millones gastados en el club y muchos más por la compra de la entidad y también por las inversiones previas realizadas para entrar en el concurso para la construcción del puerto de La Bajadilla. Pero hace ya casi dos años, el jeque explotó y mostró su indignación a los cuatro vientos, también a través de las redes sociales, como ahora. A la decepción con los políticos y autoridades se unió una muy concreta: los escasos derechos de imagen que percibía el Málaga. No entendía que después de disponer de una plantilla de estrellas pudiera cobrar solo 14 millones de la televisión, la mitad que varios equipos modestos de Primera. Su indignación fue máxima por este asunto.

Ese fue el primer punto de inflexión, el que se convirtió en el punto de partida de su ‘marcha’. Ahí sí abandonó de alguna manera el Málaga, ya que fue el momento en el que decidió dejar de invertir. A su malestar quizás habría que añadir en ese momento que su situación personal tampoco era demasiado buena en su país y en su empresa tras las fuerte inversión realizada y la necesidad de seguir inyectando dinero de una forma importante para mantener una cara plantilla. Su decepción era absoluta e iba en aumento. Parecía un abandono total. Pero no fue así, ya que envió a un nuevo hombre de confianza, Moayad Shatat, con la intención de que no se moviera de Málaga, como así ha sido en los dos últimos años. Los planes eran claros: vender lo que había comprado el jeque hasta encontrar un equilibrio económico, al que aún no se ha llegado del todo.

Brillante Champions

Desde la distancia, el jeque observaba que el equipo, con grandes dificultades, brillaba en la Champions y confirmaba el éxito de un proyecto elaborado meses antes, con sus problemas y defectos, por su gente de confianza, con Abdullah Ghubn a la cabeza. Pero el malestar no desaparecía, ya que tampoco avanzaba el puerto de Marbella. El jeque y sus colaboradores recibieron varias noticias muy negativas al respecto, ya que la zona urbanizable se rebajó en relación a lo prometido y también se conoció que el hotel previsto tampoco se podría levantar o que sería muy difícil hacerlo. Las diferentes competencias de las administraciones, con colores políticos distintos, confundieron todavía más a Al-Thani.

Y también llegó la sanción de la UEFA, algo muy desagradable para el jeque. Se sentía discriminado en relación a otros clubes que debían dinero y nunca eran perseguidos porque sus influencias neutralizaban cualquier intento de control. Se dio cuenta de que el ‘Fair Play’ financiero tenía muchas lagunas que favorecían a los de siempre y castigaba a los que querían prosperar. Pero el tiempo lo silenció todo otra vez, como suele ocurrir siempre.

El compás de espera lejos de Málaga se alargó de una forma considerable para el jeque. Todo iba funcionando, sin descartar nada, pero a medio gas o al ralentí. Sin embargo, se esperaba una acercamiento del jeque con el paso de los meses. Y surgió de la forma más imprevista: la concesión de una glorieta que llevará su nombre. Pero la suerte tampoco acompañó esta iniciativa. Como siempre, aparecieron problemas al señalar su inauguración en el periodo electoral. Rápidamente tumbaron el acto desde la junta electoral. Se sustituyó por otro privado y al que no asistieron todos los partidos políticos (al jeque también le molestó esta situación).

Mientras tanto, desde el club ya se había avanzado en el proyecto final de La Academia en Arraijanal, que se hará en tres fases. Pero el jeque tampoco está contento con este asunto. Cree que se está demorando demasiado y las instituciones no están colaborando. Y amenazó con irse si no le ayudaban más, y anoche dijo que se marchará del Málaga. No parece que sea algo oficial y definitivo, pero dicho queda por ahora.