El pecado del miedo

Un momento del partido. /Agencia Lof
Un momento del partido. / Agencia Lof
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Sonaban los primeros compases de la Banda de Música de la Soledad en el Teatro Cervantes cuando alguien, que seguía la parte final del Málaga en Granada a través de un móvil, invocó como una solución a la derrota que venía que sucediera un milagro. Pero hasta para los milagros hacen falta más cosas que la suerte, y desde luego el Málaga, o más concretamente su entrenador Muñiz con su plateamiento, no hicieron mucho mérito más que el pundonor de un equipo que está desquiciado, por cierto, en el segundo tiempo con un hombre menos.

Pero el Málaga hospital en Granada lo que siempre y su entrenador también: jo, si te la juegas, si el Granada está tembloroso por su mala racha, si ves cómo tres milafioiconados desfilando todo lo desafiable van a apoyarte a muerte, puñetas, juégatela. Pero no, el pecado del miedo de su entrenador lo pagó con el infierno de la derrota el Málaga en Los Cármenes, donde se dejó a jirones gran parte de la ilusión de una gran ciudad de ascender, pero no... El mismo planteamiento, la misma falta de ambición reflejada una vez más en una alineación donde con Iván Rodríguez y Keiri se mira para atrás en vez de adelante, y encima, para más inri, el equipo salió cómo descentrado, falto de concentración, nervioso, y lo aprovecharon los locales para en apenas cuatro minutos ganarnos el partido, porque este Málaga cuando recibe un gol prácticamente dice adiós porque le cuesta un mundo marcar.

Se veía venir lo que llegó, que se perdió otra oportunidad (y van...), aparte de que cuando en el segundo tiempo N´Diaye casi se autoexpulsó entonces el milagro ya se tornó en imposible, pero el pecado no estuvo en la falta de la clemencia de los cielos sino en el miedo de un entrenador que no reacciona, que no cambia de sistema y que tiene a casi todos de los nervios. Otra oportunidad en el limbo, otra más. Menos mal que nos quedaba el pregón.