Fútbol escrito

El recuerdo y la realidad

JOAQUÍN MARÍN D.

Un buen recuerdo puede distorsionar fácilmente una realidad. Con el tiempo, puede suavizar el tremendo esfuerzo que se realiza antes de unas oposiciones si se ha aprobado con plaza. O puede difuminar meses de duro entrenamiento cuando se ha logrado cruzar la meta en ese maratón que siempre fue un objetivo casi irrealizable. En el fútbol la memoria no existe, eso ya lo sabemos: un equipo que lo gana todo pierde de repente el crédito al mes y pico y sus seguidores ya se mosquean si se cae en el primer bolo de la siguiente pretemporada. El malaguismo tiene un recuerdo atroz de su última experiencia en Primera, la más reciente; más que una pesadilla fue una tortura. Algunos odiamos el fútbol por primera vez en nuestras vidas. Pero sin embargo guarda lindos sueños de la última de Segunda, esas siete primeras jornadas contadas por victorias y ese ascenso matemático en el último partido en casa, con La Rosaleda a reventar, aquella tarde de junio de 2008. Parece que volvemos a terreno conocido, o más que conocido. Dominado, incluso conquistado. Pero más vale dejar de mirar atrás, o al cielo, soñando con que será igual. Con que el escudo gana partidos. Con que los rivales se achantarán en Martiricos y que las visitas serán fáciles. Corremos el riesgo de creer que con la plantilla que actualmente tiene el Málaga, ordenada defensivamente, el objetivo será sencillo. El recuerdo es demasiado bonito como para no asociar esta nueva presencia en Segunda con una temporada tranquila y exitosa. El crédito de Caminero y de Muñiz está intacto. Pidieron paciencia y paciencia hay. Pero es igualmente cierto que los días vuelan y hay aún demasiados entuertos por deshacer. Mucho gol por fichar. Mucho que construir. Y la sensación de que vamos un poco tarde.

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