Fútbol escrito

Revolución en siete días

JOAQUÍN MARÍN D.

Si el fútbol puede cambiar en un minuto, qué no puede pasar en una semana. En siete días se ha pasado de una sensación de confianza pero lógico resquemor por la velocidad del calendario a una ilusión que tal vez no se recordaba desde la pretemporada de Juande Ramos. Y todo es cuestión de renovación, fichajes, caras nuevas, juventud. Y ruptura con lo anterior, o con mucho de lo anterior. Con los que arrastraron el escudo por los campos de España sin que nadie, salvo ellos, pudiera hacer nada para remediarlo. Incluso puede que hayan pagado justos, como Ignasi Miquel o posiblemente En-Nesyri, por pecadores, sí. Pero una revolución como la que necesitaba este equipo, este club, esta masa social, no puede tener una precisión quirúrgica; y menos aún si algunas de las piezas salvables cobran demasiado o dejan buenos dineros en unas cuentas que lo necesitan de verdad, tope salarial de la LaLiga mediante. Cierto es que gran parte de la plantilla que está construyendo el Málaga para intentar el regreso a Primera en el menor tiempo posible se basa en jugadores cedidos. Pero no hay discusión sobre que el objetivo primordial es escapar cuanto antes de Segunda. Y para ello hay que tener jugadores buenos, experimentados. Muchos de ellos solamente pueden vestir la blanquiazul con esta fórmula de préstamo. Hay bastante de bulo en eso de que en Segunda no hay que tener jugadores de calidad sino especialistas en la categoría. Seguro que los malaguistas no estaríamos más tranquilos sin N'Diaye que con él, o sin Blanco que con él, o sin Pau Torres que con él. Una vez se logre el objetivo vendrán otros retos. Al final resulta que a Al-Thani lo que le hacía falta era un buen director deportivo. Así iremos juntos siempre.

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