En La Romareda, tres puntos que ni soñados

Ante un Zaragoza muy superior, el Málaga marcó diferencias en las dos áreas y con su puesto en la clasificación

Pau Torres, en el partido del domingo./Agencia LOF
Pau Torres, en el partido del domingo. / Agencia LOF
PACO CAÑETE

Vivir para ver. Y ver para creer. El que no siguió las incidencias del partido disputado en La Romareda creerá que el conjunto malaguista, con el 0-2 final, fue superior. En este caso la realidad, que queda lejos de los merecimientos, le ha dado un besazo a la sufrida y leal afición blanquiazul. Una semana antes, en La Rosaleda, el más difícil todavía se trasladó al campo de fútbol. El 0-3 encajado frente al Reus es histórico. No se puede olvidar. Y, además, tan justo como que el equipo tarraconense jugó mejor. En esta ocasión, en el choque del sábado, el Málaga ha proporcionado una alegría a sus seguidores, que, eso es indiscutible, hasta el minuto 82, a pesar de ir ganando por 0-1, no le llegaba la camisa al cuerpo.

¿Por qué? Sencilla, lisa y llanamente porque el Real Zaragoza jugó bien, mucho mejor que su adversario. Sus elementos lucharon y combinaron con acierto los más de 93 minutos de juego. En pocas palabras, las riendas del encuentro fueron suyas. Entonces, ¿cómo se explica el contundente 0-2? No hace falta acordarse de Perogrullo para responder que el Málaga «fue a lo suyo». Tan veraz como el marcador, fijado ya a todos los efectos. Un dato más que significativo: La Romareda, campo con solera, despidió a los suyos con una cerrada ovación, a pesar de la contundente derrota. En la jornada anterior, La Rosaleda recibió y especialmente despidió con cariño al Reus. Aparte de su situación deportiva y social, dieron una lección en el terreno de juego.

Una vez desahogado de lo que pudo ser y afortunadamente no sucedió en tierras mañicas, hay que valorar los tres puntos que han ingresado en el zurrón del campo de Martiricos. De entrada, Muñiz sorprendió a propios y extraños con la alineación, en la que introdujo una serie de cambios, como la entrada de Keidi y Lacen, y la continuidad de Hugo y Renato en las bandas, aunque en el descanso Hugo y Lacen fueron relevados por Juanpi y Adrián. En corto y por derecho, ¿acertó Muñiz? El marcador y los tres puntos están en la clasificación. Le ha salido bien la estrategia. El fútbol es fútbol como definió para la historia el buenazo de Boskov. Las cosas son como terminan. ¿Usted no lo vio claro?... Ni yo… Ni creo que tampoco el propio Muñiz. En una competición de Liga entran muchos pares y nones.

Que la afición malagueña se relaje y disfrute esta más que laboriosa, trabajada y sufrida victoria en Zaragoza. Porque, sumada a los marcadores de otros aspirantes al ascenso, han colocado al Málaga en lugar de privilegio. Y en el orden individual la actuación del guardameta Munir, de categoría. Realizó dos paradones a Pombo en la primera parte, y en la continuación evitó un par de veces que Marc Gual, solito y con remate, marcara. El marroquí brilló con luz propia. Y de los goles que marcaron Ricca y Adrián, ¿qué? En el primero, la falta lanzada por Renato descolocó a la defensa blanca y el lateral acertó. En el segundo, tras una serie de rebotes y fallos, Adrián, con seguridad y temple, decidió. Lo más curioso es que el meta local, Cristian Álvarez, sin pasar apuros pudo encajar otro gol. Blanco, aprovechando una mala cesión, tuvo el gol pero no acertó por su pie zurdo. En resumen, excelente victoria que, aparte de fortalecer ilusiones, ha evitado la palabra 'crisis'. Aquí, muchas horas después de la celebración, tampoco es mal momento para pedirle al equipo más juego… Ni una palabra más del Zaragoza-Málaga, porque la realidad apunta tres puntos de oro. Cierto. Vale. A los tuyos con razón o sin ella, se dice día a día, aunque siempre es bonito construir, edificar para satisfacción de los demás. El Málaga actual tiene una sola aspiración: ascender. El entrenador es muy práctico. Su historia lo avala. De cualquier forma, si se pasan menos apuros defensivos, se presencia un partido con más tranquilidad que es, a fin y a la postre, lo que alegra y da valor a los triunfos. El del próximo sábado, por su importancia, puede decidir.

 

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