Sábado de pasión o resurrección en La Rosaleda

Muñiz, en el entrenamiento de ayer en La Rosaleda. /MIGUE FERNÁNDEZ
Muñiz, en el entrenamiento de ayer en La Rosaleda. / MIGUE FERNÁNDEZ

Hace dos años el Málaga tumbó al Barcelona en una actuación colosal en la víspera del Domingo de Ramos. Esta tarde no puede fallar ante otro equipo que suele vestir de azulgrana, el Extremadura

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

No queda otra que ganar. El primer objetivo del Málaga (y también del resto de equipos de Segunda) era estar a mediados de abril en la zona alta, bien situado, para rematar la faena en los dos últimos meses de competición. «Cuando llegue ese momento, ya veremos dónde estamos y por qué competimos», subrayó el entrenador blanquiazul, Juan Ramón Muñiz, en su primera comparecencia de la temporada, horas antes de aquel interminable viaje a Lugo. Pero en realidad el margen de error ya casi ni existe: el ascenso directo parece demasiado lejos y la renta sobre los aspirantes a la zona de 'play-off' es reducida (sólo dos puntos). Hoy empieza el esprint final con la clara intención de que no se convierta en un vía crucis.

Los aficionados con buena memoria vivirán hoy un déjà vu. El Sábado de Pasión arranca con la Misa de Alba y el traslado de la imagen más venerada en el vestuario malaguista, Jesús Cautivo (junto a la Virgen de la Trinidad Coronada), y hace dos años el Málaga también vivió en la víspera del Domingo de Ramos una cita trascendental. Tres días antes había dado el primer paso hacia la supervivencia en Primera al vencer en un duelo a vida o muerte con el Sporting en El Molinón. Pero aquella noche comparecía en el recinto de Martiricos el todopoderoso Barcelona. El desenlace es sobradamente conocido: jornada apoteósica, actuación colosal e inolvidable triunfo del equipo dirigido por Míchel por 2-0, que a la postre privó a los azulgrana de lograr el título de Liga. No hubo una semana más tarde domingo de resurrección blanquiazul porque se produjo un patinazo en Riazor, pero a continuación llegaron otros cuatro triunfos consecutivos. En total, 18 puntos sobre 21 en sólo 32 días.

A eso, a encadenar varios triunfos, aspira el Málaga a partir de este otro sábado en el que se busca más la resurrección que la pasión. La trayectoria del equipo obliga a un punto de inflexión que se ha demorado más de la cuenta. Y conste que ya no se trata de una victoria convincente que permita recobrar la confianza (en el caso de los jugadores) y la ilusión (entre los aficionados). Ya basta simplemente con una victoria porque las dudas se han disparado hasta enrarecer el ambiente debido a la escasez de triunfos en los últimos tres meses y medio (sólo tres en los últimos trece partidos).

Ansiedad

La ansiedad se ha unido de un tiempo a esta parte al pobre juego y a la falta de gol. Jugar en La Rosaleda se ha convertido casi en un suplicio para los jugadores, que, más allá de excepciones muy puntuales en este periodo (la segunda parte ante el Lugo o la primera frente a Osasuna), no dan una a derechas en cuanto las cosas se tuercen ligeramente. Enfrente estará otro equipo que suele vestir de azulgrana, el Extremadura. Y aunque fue más sonoro el batacazo en casa frente al Reus (ahí comenzó a torcerse todo), aquella derrota en Almendralejo sirvió para airear todas las carencias del Málaga.

Ahora toca desquitarse en el comienzo de una remontada. La Rosaleda no puede fallar, pero también es imprescindible que la conexión sea recíproca. Los jugadores del Málaga, cuyo nivel está toda la temporada muy por debajo de las expectativas, deben dejar en el vestuario sus temores y ganarse de una vez por todas el apoyo sin fisuras de la grada. La afición está visiblemente desencantada y tampoco la cita de esta tarde debe suponer un plebiscito al entrenador o al equipo. Porque entonces la resurrección será una utopía y comenzarán dos meses de pasión y probablemente vía crucis.