SILENCIO EN LA ROSALEDA

JOAQUÍN MARÍN D.

La ley del silencio impera en La Rosaleda. Nadie habla. Ninguna noticia oficial sobre el proyecto de la próxima temporada. Nada sobre posibles fichajes, bajas, conversaciones con entrenadores. Menos aún acerca de las intenciones del jeque Al-Thani, si es que tiene alguna más allá de seguir en su país sin mover un dedo en relación al Málaga, su empresa, nuestro club. Por el momento solamente se conoce el efecto, este silencio sepulcral que aterra por lo que puede esconder. Esta ausencia de todo, este vacío total. Pero no se conocen las causas. Los optimistas irredentos pueden pensar que obedece al sigilo de una gestión continua que se ha decidido blindar para no dar pistas a los rivales y para que un vestuario absolutamente ido en todos los sentidos no intoxique. Esto, naturalmente, es un relato inverosímil: pensar que los actuales responsables del club puedan estar confeccionando bien la aventura del año que viene entra en el campo de los sueños. Más bien nos da por pensar a los realistas-pesimistas que aquí no hay más plan que el de hacer una faena de aliño que incluye continuar con bastantes de los jugadores que nos han llevado a la ruina -muchos renovados, alguno sin ni siquiera el anuncio oficial por temor a la respuesta de la afición o al bochorno propio- y meter un par de remiendos extraños sin experiencia en España. Vamos, la fórmula del desastre, que esto es una ciencia casi exacta. En cualquier otra ciudad estarían tranquilos con un equipo que va a recibir más dinero que nadie entre seguros, compensaciones y televisión para diseñar un equipo que ascienda. Habrían salido a hablar los responsables, a vender ilusión, a tranquilizar a la afición. Aquí no, aquí hay incertidumbre, ocultación, abandono, desconfianza. Silencio.

 

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