TEMPLE A FALTA DE JUEGO Y DESBORDE

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Una vez más, el Málaga sufrió lo indecible. Cuando se dice que la Segunda División es una categoría igualada nadie hace hincapié en que el principal argumento es la falta de calidad. Escasean tanto los futbolistas desequilibrantes, los que ganan partidos, que cualquier equipo hace relojes de cartón... y funcionan. Al final, están arriba aquellos conjuntos que o bien brillan por su organización defensiva o porque tienen una pizquita de calidad. Y a eso se aferra el Málaga esta temporada. Unas veces gana porque es un bloque, y otras, como anoche, simplemente porque algunas dosis de talento desnivelan la balanza.

Además de carecer de un 'nueve' (Seleznov mediante), el Málaga tiene dos defectos. El primero es la falta de juego, de un centrocampista con criterio cuya función esa única y exclusivamente (al final Adrián brilla más por el trabajo que por el toque debido al flojísimo nivel de N'Diaye). El segundo es la escasez de elementos que desborden, que aporten velocidad, que 'rompan' al contrario. De ahí que se juegue tantísimo al pie. Y así rivales como el Reus o el Lugo son capaces de sobrevivir o casi conseguirlo al más mínimo despiste del equipo blanquiazul.

Al final el premio de la remontada fue para Harper, que quizá pudo ser sustituido mucho antes. No apareció en el juego y tampoco en el área, pero Muñiz se inventó colocarlo como falso extremo derecho por su entrega cuando coincidió en el campo con Blanco y Seleznov. Y fue ahí donde creció un poco más.

«Si se nos lesiona Gustavo (Blanco), estamos listos», se ha dicho en La Rosaleda los últimos cinco meses. El argentino tuvo que ser sustituido por un traumatismo en el hombro izquierdo. «Será sometido a pruebas diagnósticas complementarías», fue el mensaje del club. Cada vez que se emplea este eufemismo es para temerse lo peor. Ojalá que no...

Esta vez el Málaga mantuvo el tipo y remontó porque recuperó una virtud de comienzos de la temporada: temple. Ni se descompuso ni se precipitó ante un rival sólido, pero por las sensaciones que transmite no invita precisamente al optimismo del aficionado. Y como encima en Segunda nadie arriesga en los últimos minutos, también sufre (sufrimos) hasta el final.