Como en Tenerife

Si analizamos la visita al Tenerife hace casi cuatro meses probablemente veamos que el derbi del Carranza fue un calco

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

El partido nos volvió a dejar la misma sensación que otras veces: el Málaga compitió, pero no le bastó. Si analizamos la visita al Tenerife hace casi cuatro meses probablemente veamos que el derbi del Carranza fue un calco. Un duelo exigente, muy táctico, tremendamente físico y con poco juego. El equipo no desentonó, pero a la postre incurrió en exceso en el juego en largo (con Munir, Pau, Lombán...) y en diferentes fases le costó bastante no ya llegar al área contraria, sino incluso superar la divisoria. Porque el Cádiz, seamos claros, sólo tiene como objetivo habitual evitar que la pelota entre en su parcela para así intentar ahorrarles metros a sus veloces extremos.

El fútbol le debía al Málaga un gol de cierto valor al contragolpe. Al final de una temporada lo que el fútbol te quita luego te lo da, y viceversa. Tras el clamoroso fallo en cadena a la vuelta del descanso en La Rosaleda frente a Osasuna –¡cómo habría cambiado todo con un triunfo esa tarde!– ayer tocó cara. El equipo hilvanó al fin un contraataque de libro para ponerse por delante muy pronto. Como en Alcorcón.

Pero hoy por hoy la única similitud entre el Alcorcón y el Cádiz es el color de la camiseta. El equipo gaditano sí pelea por un objetivo y sabe que por encima de todo debe mantener la puerta a cero y rentabilizar sus virtudes. Las dos principales suelen ser las apariciones de Machís y las jugadas a balón parado nacidas de la portentosa zurda de Aketxe. Por eso no se entiende que el Málaga concediera tanto en los aledaños del área con faltas absurdas. Yen una de ellas, regalada por Keidi, volvieron a soñar los locales.

Fue un partido de empate, típico de las últimas jornadas y, si apuran, hasta de 'play-off'. A estas alturas un punto tiene más valor que quedarse a cero. Volvimos a ver la versión más trabajadora de Renato, a Ontiveros menos lúcido, demasiado vigilado e incluso pendiente de posibles subidas del lateral, y en líneas generales a un Málaga más cauto. Pero el Cádiz sólo asomó cuando tuvo la convicción de que no arriesgaba un ápice.

Víctor cambió pieza por pieza y no completó el cupo de cambios, detalle este muy elocuente. Probablemente el partido no estaba para experimentos –es decir, para desarmar al equipo–, pero se intuye que tampoco le convencía lo que tenía en el banquillo, Mula o Harper, porque Iván Alejo fue el jugador de campo descartado...