Trabajo doble... y amplio seguimiento de la Segunda B

La incertidumbre sobre el ascenso y la probable demora en el desenlace de la competición obligan a la dirección deportiva a trabajar con dos planes totalmente opuestos

Señé celebra un gol en su etapa en el Celta. /AFP
Señé celebra un gol en su etapa en el Celta. / AFP
Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Tanto si finalmente logra el ascenso como si sufre el desengaño de quedarse en Segunda, el Málaga va a verse en clara inferioridad respecto a los que serán sus rivales la próxima temporada. La probable demora en el desenlace de la competición –ojalá que hasta el 23 de junio– obliga a no dar excesivos pasos en firme en la planificación cara al futuro a corto plazo. Y no sólo por la duda sobre la categoría en la que competirá desde la segunda quincena de agosto, sino porque el escenario económico variará considerablemente de cumplirse o no el objetivo.

Que el Málaga necesita ascender es una obviedad. Más allá de la importancia de la ciudad y de la necesidad de evitar el riesgo de eternizarse en la categoría de 'plata', está el futuro de la entidad a todos los niveles. Entre otras razones, porque no alcanzar el ascenso implicaría que el club, en líneas generales, contaría con unos 20 millones menos para maniobrar. Ese es el cálculo que se hace internamente. Y como consecuencia afectaría a todos los estamentos, sin olvidar que de nuevo se vería asfixiado por el tope salarial y no tendría margen para moverse en el mercado debido a determinadas fichas que coparían casi en su totalidad el 'presupuesto deportivo'.

Vacaciones reducidas

No es nuevo para el Málaga que deba trabajar con incertidumbre, en función de que pueda tener más o menos ingresos, pero en este caso existe el agravante de que la competición acaba demasiado tarde. Si históricamente los jugadores disponen de un periodo vacacional de aproximadamente 40 días, en este caso sucederá al revés si el equipo accede a los 'play-off', supera la semifinal y accede a la eliminatoria definitiva. Conviene recordar que la Liga concluye el fin de semana del 9 junio; la primera ronda, el 15 o el 16 de junio, y el duelo final, el 22 o el 23. Es decir, dado que el campeonato arrancará la próxima campaña el fin de semana del 18 de agosto, para llevar a cabo una pretemporada más o menos normal el descanso se reduciría a poco más de tres semanas.

Y lógicamente esa incertidumbre sobre la categoría en la que competirá el Málaga la próxima campaña afecta de lleno a la planificación. Por esa razón la dirección deportiva tiene trabajo doble con el fin de tener previstos todos los escenarios y afrontar de una u otra forma el capítulo de altas, los movimientos en determinadas posiciones e incluso el futuro de varios futbolistas (tanto cedidos como de la plantilla actual).

Por primera vez en la historia del Málaga Club de Fútbol desde que en 1998 llegó al fútbol profesional (a las dos primeras categorías) se procede a un seguimiento amplio de la Segunda B. Evidentemente no se pierden de vista objetivos interesantes vinculados a Primera División, pero también conviene contemplar el escenario menos deseado de la permanencia en Segunda y, sobre todo, con unas limitaciones económicas considerables que sólo se podrían corregir en cierto modo con algún traspaso.

El ejemplo del Almería

Ante esta tesitura, la opción de un control más exhaustivo de la tercera categoría se revela como muy interesante, igual que un interés más firme en jugadores con un determinado perfil para competir en Segunda. Siendo más claros, se trataría de buscar futbolistas con 'hambre' y para ello se recurre al ejemplo del Almería, que ha estado por encima de las expectativas gracias al rendimiento de determinados futbolistas meritorios (como Luis Rioja o Corpas, incorporados el pasado verano del Marbella).

En esa línea se encuentra, por ejemplo, el acuerdo cerrado para la llegada de Señé procedente de la Cultural Leonesa (aún a expensas del visto bueno del presidente). Operaciones como esa están en marcha ante la posibilidad (nada deseada) de que el equipo siga en Segunda. Otra cuestión es que después, en caso de ascenso, ya se contemple internamente si los jugadores de ese perfil siguen o se marchan cedidos (como hacen otros clubes, entre ellos el Eibar). La incertidumbre sobre la categoría y la casi segura demora en el desenlace obligan a trabajar con dos planes totalmente opuestos.

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