La unión hace al Málaga más grande

El cuadro de La Rosaleda se revela un buen equipo, con un entrenador que sabe, quiere y está agusto, como la afición

Pacheco se abraza con Harper tras el gol el lunes. /Agencia LOF
Pacheco se abraza con Harper tras el gol el lunes. / Agencia LOF
PACO CAÑETE

Harper, 'El boquerón escocés', jugadorazo de pies a cabeza, recién terminado el partido en Almería, repartió méritos: «El hombre doce ha sido muy importante». Se refirió a los y las malaguistas, más de 500 que dieron color y calor desde las gradas. Dijo más: «Lo comentamos en vestuarios. Salimos más motivados». Y para incentivo, el golazo de la jornada. Reunió todos los ingredientes del fútbol de élite. Luis Hernández deshace un ataque local, sobre la marcha adelanta el balón a Harper, que entre dos contrarios, hace un control de categoría y en el giro, se la coloca por la derecha a Dani Pacheco. El pizarreño, atento a su compañero, con excelente toque, le envía un pase en profundidad que Harper remata fenomenalmente a la red. Jugada nacida al borde del área malaguista. Controles, toques, velocidad y precisión técnica hasta embolsarla en las mallas. Jugada de pizarra. En el Málaga de hoy hay clase, ganas y juventud.

Muñiz, trabajador nato, sabe, quiere y está a gusto. Como la afición. La unión hace al Málaga más grande. Por lo visto, un pequeño inconveniente: cedió terreno a los locales en el segundo tiempo. Durante muchos minutos se juntaban ocho o nueve blanquiazules defendiendo en la raya del área. Cuando salió Hicham en el minuto 81, qué casualidad, se produjeron varios ataques importantes. Un remate del marroquí, otra jugada con N'Diaye y en la que Mula no pasó la pelota a Hicham, que estaba más solo que la una. Buen partido, buen equipo, buen entrenador, con afortunado debut de Dani Pacheco, que destacó tanto como Munir.

Se acabaron las entradas y despedidas. Terminó el plazo. Hasta enero de 2019, la plantilla del Málaga queda configurada por 22 elementos. Número habitual en las preferencias de los técnicos. A última hora, no podía ser de otra forma, se produjo la sorpresa, el traspaso de Recio al Leganés. Dicen en voz baja que esta salida ha contrariado un tanto al míster. Parecía obligado. Las salidas han reportado sobre diez millones de euros. Hoy, los desfases en el tope salarial son historia. Un año más, este en segunda categoría. Como diría aquel que está habituado a estos vaivenes: «Menos mal que ha habido solución. Se han podido confirmar los fichajes tardíos». En el último suspiro, Tighadouini se marchó cedido. Van tres, y cada vez cuesta más colocarlos. Comentan que hay un cierto ahorro en su ficha. Menos da un ladrillo. Más. El meta Cenk, futbolísticamente un cero a la izquierda en La Rosaleda, tampoco va a continuar. Faltaría más. Para la portería ha llegado el excordobesista Kieszek, que se une a Munir y Andrés –por cierto, este pretendía marcharse, ¿qué ha sucedido?–.

Las caras nuevas en Martiricos: el paisano Dani Pacheco, que al cabo de los años se incorpora al equipo de su tierra. Nunca es tarde. Ha despertado ilusión. Otros nombres de estreno: Pau Torres, Haksabanovic, Renato, Boulahroud, N'Diaye, Héctor, Koné y Blanco. Junto a ellos, dos revelaciones en las que tengo depositadas muy buenas ideas: Hicham y Harper, junto a los Ivan y Abqar, no tienen contrato profesional. De los cinco, tres por lo menos se lo van a ganar pronto. El tiempo dirá. Continúan, porque no ha habido nada que hacer, Juanpi y Torres. Veintidós jugadores en total. Por cierto, diez malaguistas de la pasada temporada siguen en Primera: Roberto, Rosales, Ignasi Miquel, Recio, Keko, Samu, Jony, Rolan, En-Nesyri y Borja Bastón. A todos, la suerte u otros detalles, que no tuvieron aquí. A ver si los que permanecen y los que se estrenan devuelven al club a la División de Honor para que esté a la altura de su afición.

Málaga y su club representativo, tienen algo distinto, peculiar... No sé. En campañas para olvidar su afición se disgusta, pero nunca, jamás, se separa del equipo. En los 60 y 70 estaba de moda romper el carnet como muestra de desaprobación, aunque íntimamente el afecto continuaba. En la actualidad, hijos de malaguistas de aquella etapa, temporada a temporada demuestran su cariño. El color blanquiazul por mucho que lo disfracen, es indeleble. A este respecto quiero destacar que una empresa de la tierra figura en el pecho de los jugadores. Tesesa, de Pepe Hernández, malaguista de pro, ha vuelto con su publicidad más cercana, más nuestra. Málaga y su club tienen algo diferente. Seguro.

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