Urge la reacción

MANUEL CASTILLO

En ningún momento llegué a pensar que Muñiz pudiera ser destituido. Y no por falta de críticas por mi parte, que las ha habido y últimamente reiteradas, sino por mi confianza de que Muñiz es un buen técnico que domina la Segunda División. Pero, en este caso del Málaga se hacía necesaria alguna innovación en el juego del equipo y el técnico asturiano, sin embargo, se ha mantenido machaconamente en su convicción de jugar con mentalidad defensiva, con sólo un jugador en punta y, seguramente, confiado en que marcaran los de atrás; en ningún momento se le vio variar el sistema de juego a lo largo de la temporada ni siquiera dentro de un mismo partido si las circunstancias así lo aconsejaran. La racha de malos resultados, superado el equipo malagueño incluso en casa y por los colistas de turno, ha motivado que se produzca irremediablemente ese relevo técnico que, ¡ay!, mantiene abiertas de par en par las dudas y el temor ante lo que pueda suceder con el cambio de entrenador.

Viene uno de los numerosos Víctor del fútbol español, de apellido Sánchez, un mal augurio cara al futuro. Que sepamos, que sepa yo al menos, Víctor Sánchez no cuenta con un destacado palmarés que haga concebir ilusiones pero que, no obstante, habrá que admitir como esperanzador. Que haya dirigido en un mismo año a tres equipos (Deportivo, Olympiacos, Betis) es indicativo de su intenso trabajo a todos los niveles; lo deseable ahora es que haga honor a su segundo apellido y acabe haciéndose el Amo de la situación malaguista. Que el equipo aún está a tiempo de llegar al ascenso directo, objetivo inicial, pero sin olvidar el riesgo de un 'play off' como segunda y peligrosa opción para volver a Primera. Que la suerte y el apoyo unánime acompañen a Víctor Sánchez en su andadura malaguista es lo deseable porque, en definitiva, supondría el éxito del Málaga.