Las 'verdades' de la Junta de Accionistas del Málaga

Durante estos días se han leído y oído razonamientos sobre las cuentas del Málaga que le dejan a uno boquiabierto

Al-Thani, en una rueda de prensa./EFE
Al-Thani, en una rueda de prensa. / EFE
PACO CAÑETEMálaga

Antes, durante y después de la Junta de accionistas del Málaga se han leído, oído y escuchado una serie de razonamientos que te dejan boquiabierto. Todo, absolutamente todo, marcha bien, mejorando de una temporada a otra. Menos, eso sí, la auténtica realidad: la campaña del equipo. ¿Quién ha dicho que no hay un euro? Banalidades. En las cuentas de este año se van a contabilizar los traspasos del anterior, de los que no debe quedar un céntimo. Obras son amores y las cuentas, motores. Otra enhorabuena: ni el jeque ni sus hijos han aumentado la cantidad millonaria que perciben por su trabajo. Muy por encima del millón, préstamos del club aparte. Los ingresos de la tele, en Primera, dejan atrás los 50 millones. La deuda de Fernando Sanz, cuando puso en marcha el proceso concursal ha aumentado ‘un poquito’ por encima del medio centenar de millones. En los últimos años, a vender, vender y vender, y a comprar lo que ustedes están viendo. La Academia, cuyas obras tienen que arrancar de inmediato, ingresó en su día dinero de las ventas y gestiones de organismos públicos. Sí, pero todavía no hay empresa constructora alguna. Todo marcha fenomenal, todo se supera, pero el Málaga está al borde del precipicio. Ahora, en enero más que cambio, hay baile de jugadores que no rinden. Ya veremos. Y del entrenador, el mismo. Otro con menos, se habría ido. En fin… Todo funciona bien. Al-Thani y los suyos, a muchos kilómetros de distancia, y el equipo a seguir jugando lunes y viernes. ¿Donde, cómo y cuándo está representado el Málaga? Con desastre socio-económico-deportivo, pero con el consejo de accionistas contento. No se trata de un cuento de Navidad. Es la triste y cruda realidad de un club que ya desapareció en una ocasión.

En los años sesenta y setenta, el Málaga era un equipo ascensor. Un año, líder de Segunda y en el siguiente, el último en Primera. Las celebraciones por los ascensos estaban a la orden del día, como los descalabros, que eran acompañados de monumentales broncas en La Rosaleda. Escándalos corales con el palco presidencial a primera vista. Creo que lo comenté hace años. La Navidad y sus villancicos tuvieron letras propias en Martiricos. En aquellas décadas se hizo popular uno que se coreaba con la música del «beben y beben los peces en el río…». Con el equipo como actualmente, en el fondo de la clasificación le dedicaban este canto invernal: «En el campo de La Rosaleda, ha nacido una amapola con un letrero que dice el Málaga está en la cola»... Y en el estribillo, apretaban: «Pierden y pierden y vuelven a perder, los socios se cabrean y rompen el carnet». Villancico aparte, las muestras de desagrado eran duras y rotundas. ¡Ay! Si lo hubiera cogido Al-Thani… La afición de hoy, tan numerosa como dulce, para hacerle un monumento.

Va de anécdota. Recuerdo una de las muchas de Álvarez, exjugador cordobés, con su entonces entrenador Marcel Domingo, que por su carácter vehemente e impulsivo repartió éxitos y horas bajas en el club. Al referirme a ‘Alvarito’, como le llamaban los compañeros, tengo que repetir que ha sido uno de los mejores delanteros que ha desfilado por el campo de Martiricos. Lástima –también lo he comentado– que anímicamente era un jugador raro, imprevisible y pusilánime. Marcel y el extremo protagonizaron repetidos desencuentros. El entrenador porque a veces le exigía lo imposible y el futbolista porque se descomponía cuando le gritaban desde el banquillo. Sucedió en el Carlos Tartiere, en Primera División. Oviedo-Málaga. Mediado el partido, el jugador se dirigió a la banda para comunicarle a Domingo que había notado un ‘pinchasillo’ en el muslo. El míster mostró su mal humor. Pensaba que era simple imaginación. «Si te duele vas a continuar hasta que te rompas», fue su respuesta. La lesión fue a más y Álvarez terminó haciendo bulto hasta el final. Lo peor vino días más tarde. La directiva a petición del entrenador, sancionó económicamente al futbolista por falta de rendimiento en Oviedo. Después, se demostró que el tirón muscular fue real, por lo que estuvo varias jornadas de baja. Le retiraron la sanción. Los pares y nones entre el técnico y el profesional continuaron. Hasta ‘pintaron oros’ cuando lo alineó de delantero centro y triunfó rotundamente en un Málaga-Barcelona. «Gallego», el central azulgrana, lo puede confirmar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos