Blanco, el de los goles decisivos

Blanco, el de los goles decisivos
Salvador Salas

Sus cuatro dianas ligueras han valido ya nueve puntos, pero además suma muchos aspectos positivos al juego del Málaga

Pedro Luis Alonso
PEDRO LUIS ALONSOMálaga

Cuatro goles y nueve puntos. No es mal balance el de Gustavo Blanco Leschuck, delantero al que le gusta ser conocido deportivamente por sus dos apellidos, sin que sea este el único detalle atípico que lo rodea. Sus cifras convencen a estas alturas de la temporada, pero aún más esos intangibles que no se traducen en datos pero que tienen enamorados a Muñiz y a la afición.

Necesitado de delanteros, había serias dudas al final de la pretemporada de que Blanco pudiera ser ese 'nueve' que necesitaba el Málaga como referente en todos los partidos para intentar el salto de categoría. Pero la incertidumbre se ha despejado pronto. Blanco es resolutivo, generoso, juega de maravillas de espaldas, aporta visión de juego y es un consumado especialista en el juego aéreo. Muchas de sus características recuerdan a Roque Santa Cruz, y ya nadie puede poner en duda el acierto de su contratación, avalado por el conocimiento de Muñiz de la liga ucraniana, donde destacó en el Karpaty y le costó más abrirse hueco en el Shakhtar Donetsk, quizás el mejor club del Este de Europa.

Blanco es el hombre de los goles decisivos. Acostumbrado a disfrutar de pocos remates en lo que va de temporada, el argentino también pone la bala donde el ojo, salvo en su errática actuación en las definiciones ante el Córdoba (justo en el triunfo más amplio, un 3-0). Pero suyos fueron los tantos ante elAlcorcón y el Tenerife en sendos 1-0, ambos a pase de Ontiveros. Quienes lo conocen de cerca saben que Blanco tiene poco de argentino. Es parco en palabras, habla despacio y con un aire de modestia, y su comportamiento en el campo, aunque va a todas las disputas, le aleja de la imagen 'canchera' que suele caracterizar a los jugadores formados en los potreros a ambos márgenes del Río de la Plata.

Y, sin embargo, Blanco parece haber caído de pie en La Rosaleda. Se ha ganado el cariño de la afición y sintoniza a la perfección con Harper, su compañero en la línea de vanguardia. Forman una pareja con movimientos muy académicos. No sólo eso. Su desgaste en el campo convence a Muñiz para mantenerlos en hasta el final o muy cerca del último pitido del árbitro.

Blanco nunca pierde los nervios en el campo y llega con frialdad al momento supremo de la definición. Se apreció en sus dos tantos ayer. En el primero se aprovechó de un aclarado y entró solo al segundo palo para empujar a las redes un balón sacado de córner por Ontiveros y prolongado al primer palo por Adrián, en el toque clave para modificar las marcas. En el 2-1, tras haber iniciado la jugada, cabeceó de lejos a puerta vacía para recoger un rechace a un centro de Iván con la pierna izquierda. Portero y zagueros visitantes salieron a achicar dejando expedita la portería para el mejor especialista por alto del equipo.

 

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