UN VIRUS LEGAL Y LETAL

JOAQUÍN MARÍN D.

No existe vacuna para el llamado 'virus FIFA'. Ataca, inmisericorde, y desequilibra la competición hasta el punto de poner en jaque las inversiones millonarias que varios equipos de Segunda, los más pudientes, realizan para volver a pescar en el río donde hay pepitas de oro y no piedras de carbón. Regresar al paraíso de Primera, donde el maná se cuantifica en decenas de millones de euros, donde se dan las oportunidades de crecimiento acelerado vía competiciones europeas, obliga a una penitencia extrema de viajes en autobús y hoteles peores. Quema tanto que hay que apostar fuerte y arriesgar. Como el que se juega en el casino las llaves del piso en el que duermen su mujer y sus cuatro hijos: el dinero se pone el el verde. No en el tapete de la ruleta, sino en el césped. Pero es casi lo mismo. No va más. El Málaga, como algunos de sus rivales, ha empeñado gran parte de su músculo económico, de sus últimos ahorrillos -en una analogía familiar-, en el objetivo de retornar en seguida a los prados donde crecen la gloria deportiva y la económica, acaso más importante para quienes habitan los despachos de la planta noble: el Bernabéu, Mestalla, San Mamés, el Camp Nou. Para ello paga, y muy bien, a jugadores que marcan la diferencia en la categoría, casos de N'Diaye y el portero Munir. Son inversiones costosas pero que por el momento dan resultado con el liderato en la categoría. Y sin embargo, el desastroso calendario mundial del fútbol, que quizá tiene tanta competición que ya no hay sitio razonable, obliga a los clubes a despedirse de sus caras estrellas con el pañuelo en una mano y los dedos cruzados de la otra para que no haya desgracia. Y así funciona esto.

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